FINAL 1:
Era cierto que últimamente estaba pasando mucho tiempo con Sydney, pero es que era una chica muy interesante y a Frankie le gustaba pasar el tiempo con ella. Desde que la conoció, algo ha cambiado, no ha vuelto a ser el mismo.
Pero un día, Sydney se acercó a Frankie un cara triste, un poco decaída. Al verla de ese modo, Frankie le preguntó:
- ¡Hola Sydney! Qué te pasa que te veo tan triste?
- No, no es nada...
- ¡Claro que sí! Si no, no estarías así... Algo te pasa, ¿qué es?
- Nada... Solo es que... Me tengo que marchar... Me mudo.
- ¿Qué dices? - exclamó Frankie entre la sorpresa y la desesperación. - ¿Lo dices en serio?
- Más en serio de lo que me gustaría - sentenció ella.
Frankie debía hacerse a la idea de que Sydney se marchaba y ya antes de que se fuera, empezó a echarla de menos. Habló de esto con Gigs, quién le aconsejó que, a pesar de la tristeza que pudiera sentir al principio, seguro que lo superaría, y quizá, quién sabe lo que le depararía el futuro, quizá puedan volverse a encontrar algun día.
Y, finalmente, llegó el día. Frankie estaba muy nervioso, no quería que sucediese esto, pero no podía hacer nada para remediarlo. Fué a hablar con Sydney antes que ésta se subiera al avión y le dijo:
- Te voy a echar de menos, ¡que lo sepas eh!
- Y yo a ti también. - Le dijo con una media sonrisa - Quizá nos volvamos a ver algun día.
"Ojalá", pensó Frankie. Acto seguido Sydney se subió al avión. Frankie pudo ver, con los ojos empañados de lágrimas, como éste arrancaba motores y despegaba.
Frankie estuvo todo el viaje de vuelta a casa muy triste y nada más abrir la puerta de su casa empezó a llorar. Su madre le preguntó el motivo y estuvieron hablando mucho rato sobre ello. La madre no había visto así a Frankie nunca, de forma que decidió hablar con alguien para ver si podia ayudar de algun modo a su hijo.
Fueron pasando los meses y un día, su madre le hizo un regalo a Frankie: dos billetes para un vuelo rumbo a Sydney. Frankie miró a su madre con los ojos brillantes, estaba radiante de alegría. Luego volvió a mirar los billetes y dijo:
- ¡Mamá es estupendo! Pero... hay dos billetes, ¿para quién es el otro? - preguntó Frankie intrigado.
- He hablado con Gigs y me ha dicho que te acompañará. He hablado con la madre de Sydney, y me ha dicho que os esperará en el aeoropuerto cuando lleguéis. Me gustaría acompañarte, pero aún no estoy preparada.
- Tranquila mamá. Sé que ha supuesto un esfuerzo para ti comprar los billetes... Así que... ¡¡Muchas gracias mamá!!
Así pues, dos días despúes, Frankie y Gigs cogieron un vuelo rumbo a Sydney, para poder ver de nuevo a su gran amiga después de tantos meses sin saber nada de ella. Cuando bajaron del avión ya veían a la madre de Sydney, pero no a ella. De repente, alguien le tocó a Frankie en la espalda. Él se giró molestó, pero cuando vió la cara de su amiga Sydney solo pudo esbozar una gran sonrisa. Se abrazaron con fuerza.
- Tenía muchas ganas de verte. - Dijo Frankie lleno de emoción.
- Yo también, yo también.
Fueron pasando los meses y un día, su madre le hizo un regalo a Frankie: dos billetes para un vuelo rumbo a Sydney. Frankie miró a su madre con los ojos brillantes, estaba radiante de alegría. Luego volvió a mirar los billetes y dijo:
- ¡Mamá es estupendo! Pero... hay dos billetes, ¿para quién es el otro? - preguntó Frankie intrigado.
- He hablado con Gigs y me ha dicho que te acompañará. He hablado con la madre de Sydney, y me ha dicho que os esperará en el aeoropuerto cuando lleguéis. Me gustaría acompañarte, pero aún no estoy preparada.
- Tranquila mamá. Sé que ha supuesto un esfuerzo para ti comprar los billetes... Así que... ¡¡Muchas gracias mamá!!
Así pues, dos días despúes, Frankie y Gigs cogieron un vuelo rumbo a Sydney, para poder ver de nuevo a su gran amiga después de tantos meses sin saber nada de ella. Cuando bajaron del avión ya veían a la madre de Sydney, pero no a ella. De repente, alguien le tocó a Frankie en la espalda. Él se giró molestó, pero cuando vió la cara de su amiga Sydney solo pudo esbozar una gran sonrisa. Se abrazaron con fuerza.
- Tenía muchas ganas de verte. - Dijo Frankie lleno de emoción.
- Yo también, yo también.
FINAL 2:
Al final, había llegado el día. El día que Frankie no quería que llegase nunca. El día de la despedida. El día en el que debía despedirse de su gran amiga Sydney. Se habían hecho muy buenos amigos, y Frankie no podía hacerse a la idea de que se fuera. Había intentado mentalizarse pero no había podido. Gigs le había intentado consolar diciéndole que con el tiempo se le iba a pasar, y que el destino es incierto y que puede que en el futuro se vuelvan a encontrar, pero hay que tener esperanza.
Estaban en el aeropuerto, en la terminal 1. Frankie se acercó a Sydney, que iba cargada con las maletas y la ayudó a meterlas en el maletero del autobús, aunque le costara.
- Lo he pasado muy bien contigo, y te voy a echar mucho de menos. - Dijo Frankie, aguantándose las ganas tremendas que tenía de llorar.
- Eres una gran persona, y un gran amigo, Frankie. Yo también te echaré de menos. Espero que algun día nos volvamos a encontrar y podamos retomar esta amistad.
Frankie deseaba lo mismo, aunque sabía iba a ser difícil. Frankie observaba por la ventana como el avión despegaba, desando que todo le fuera bien a Sydney y a su família.
Sydney estaba sentada al lado de la ventanilla, con su madre en el medio y una de sus hermanas al lado del pasillo. De repente salieron unos hombres encapuchados y armados de la cabina del piloto. Sydney le cogió la mano a su madre con fuerza, estaba muerta de miedo. Uno de los hombre se adelantó, y con un inglés muy precario dijo:
- Les informo que acaban de ser secuestrados y que este avión acaba de cambiar de rumbo.
Nadie en el avión se atrevió a decir nada, puesto que todos tenían mucho miedo por las grandes armas que llevaban esos hombres. Poco después informaron del nuevo rumbo, un lugar que Sydney desconocía y al que no le apetecía ir, y menos en esas condiciones: Jakarta.
Pero lo que nadie sabía es que en el avión estaba sentado William Folk, un agente del servicio secreto australiano que estaba muy entrenado, y que sabía tratar con situaciones así. Después todo pasó muy rápido, o así lo recuerda Sydney. En un abrir y cerrar de ojos, William Folk fué capaz de reducir a uno de esos hombres y quitarle el arma. Ahora ya tenía con qué defenderse. De la cabina del piloto salió otro hombre armado al que Folk disparó directamente en el pecho. Cayó de espaldas y no se volvió a mover más. Ahora solo quedaban tres hombres más. El primero de ellos disparó a Folk, pero éste consiguió evitarlo. Mientras los otros dos estaban intentando abrir la puerta del avión. Folk lo veía, pero no podía hacer nada si no se deshacía antes del tercer hombre. No lo consiguió a tiempo. Los otros dos abrieron la puerta del avión y saltaron al vacío. Sydney los vió por la ventanilla. Vió como poco después de saltar abrían un paracaídas.
Sin embargo, a causa de la vuelta que había tenido que hacer el piloto, no había suficiente combustible para llegar a Sydney, solo podían regresar al aeropuerto del que habían salido cinco horas antes. Frankie estaba escuchando la radio cuando interrumpieron la música para dar la noticia sobre el secuestro fallido. Sabía que se trataba del avión de Sydney así que decidió ir a su casa y esperarla, porque acababa de pasar algo horroroso y porque estaba deseando verla.
A causa de todo esto, la madre de Sydney decidió no mudarse, quedarse allí, puesto que veía que sus hijas habían hecho buenos amigos allí y tampoco quería hacerles pasar un mal rato, ni hacerles subir a otro avión tan pronto, después del susto que se acababan de llevar. Cuando Frankie supo la noticia no pudo ponerse más contento y, para darle las gracias a la madre de Sydney, las invitó a todas a comer a su casa, para que así también pudieran conocer a su madre.
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