diumenge, 23 de febrer del 2014

YO AUTOR

Soy una escritora a tiempo completo, crecí en Christchurch y ahora vivo en Wellington. Mi primer libro fue  para adultos, lo publiqué bajo el pseudónimo de Kate Flannery. Eran unos cuentos entrelazados sobre las mujeres de una familia católica. Desde entonces he ganado numerosos premios y reconocimientos por mis obras de ficción, incluyendo el Amerícan Express, el Katherine Mansfield de cuentos y el Premio del libro de los generales de los niños en 1997 por mi novela juvenil Santuario.
En el año 2000, mi novela acerca de la adopción ganó un premio de honor en Nueva Zelanda, y en el 2001 crea la Fundación Artes Daureate.
Mi novela más reciente es "La pregunta de las diez de la noche". Fue considerada, el mejor libro del año y la mejor ficción para aldultos y jóvenes. En el año 2009 gané el Premio de los lectores y fui finalista para el premio Esther Glen.
También soy conocida por mis críticas literarias para la radio y la televisión.


diumenge, 9 de febrer del 2014

EL COMIENZO DE LA IMAGINACIÓN


El martes 14 de febrero empezó mal para Frankie Parsons. No había leche para los cereales.
Visto este pequeño problema decide vestirse y desayunar en un bar camino al trabajo. Se viste con su traje color marrón y se calza los zapatos de siempre, coge las llaves y sale.
Va andando y se para en el bar de la esquina, en la Cafetería Paraíso. Pide un café y un cruasán, que devora con rapidez. Tiene hambre. El café no es de lo mejor que ha probado, pero se lo bebe. Paga lo que debe y se va.
De pronto suena un teléfono. Ring, riing. Es el de Frankie. Mira la pantalla y ve el nombre de Jack Dentmont. Lo coge:
- ¡Ei Jack! ¿Cómo va todo? ¿Ah, hay un caso? ¿Dónde? ¿En la calle Lincoln? ¡Voy para allá! - Cuelga y se encamina hacia esa dirección, que está solo a cinco minutos.
Cuando llega se encuentra a Jack y al forense al lado del cadáver de un hombre, vestido con una bata blanca.
- Hola a todos, ¿Qué sabemos?
- Buenos días inspector Parsons. Los primeros indicios parecen indicar que se trata de un suicidio. Pero hay que esperar a la autopsia para confirmarlo.
- Gracias Doctor Green. - Luego mira a Jack y le dice - Supongo que sería de ese piso, ¿verdad? – Y señala con el dedo un piso del edificio que tiene la ventana abierta.
- Sí, señor. Ya hay alguien ahí procesando la escena.
- De acuerdo. Aún así, vayamos a verlo.
Entran en el edificio. De repente aparece una mujer vestida de enfermera que detiene a Parsons y le dice:
- Señor Parsons, ¿puede acompañarme? Debe tomar sus medicinas.
- Perdone señorita - responde él un poco molesto. - Pero estamos en medio de un caso. No puedo perder tiempo.
Jack lo sujeta por el brazo y dice:
- Frankie, ya lo sabes, primero las medicinas.
El inspector Parsons mira a Jack, su hombre de confianza, y contesta:
- De acuerdo. Pero que sea rápido señorita. No hay tiempo que perder. Un cadáver me espera.
Jack y la enfermera se lo llevan a la habitación 306 y le dan las medicinas, sabiendo que uno de los efectos secundarios es el cansancio. Así pues, poco después de tomarlas, Parsons dice:
- Oye Jack. Estoy muy cansado ¿Puedes seguir tu con el caso? Necesito dormir un poco.
- Sí, señor. No se preocupe. Todo está bajo control.
Cierran la puerta de la habitación. La enfermera lo mira y dice:
- Muchas gracias, Jack. Sin usted estaría mucho peor.
- No es ningún inconveniente. Para mí es un placer poder estar un rato con él, aunque sea en estas condiciones. Fue un gran inspector y un compañero mejor. Se lo debo. - contesta Jack.
- Le acompaño hasta la puerta - Antes de salir, quiere hacerle otra pregunta - Dicen que ahora es usted inspector de homicidios, ¿es eso cierto?
- Así es. Hace poco me dieron la placa. Y se lo debo todo a él. - Dice mientras recuerda todo lo que Parsons le enseñó. - Por eso no me importa venir cuando me necesita.
- Me alegro por usted.
- Muchas gracias. - Se despide mientras abre la puerta. - Nos vemos.

Sale, pero antes de entrar en el coche echa un vistazo atrás y lee el nombre: Psiquiátrico El Paraíso. Se vuelve hacia el coche y arranca mientras piensa: “Espero no acabar como él”.